Jueves 15 de Noviembre de 2012 18:31

UNIDAD DE INVESTIGAC IÓN CIBERNÉTICA: LOS VIGILANTES DE INTERNET EN MÉXICO

CON MÁS DE 2,000 INVESTIGACIONES AL AÑO Y 30 SENTENCIAS A FAVOR, LA UNIDAD DE INVESTIGACIÓN CIBERNÉTICA TRABAJA PARA QUE INTERNET SEA UN SITIO SEGURO PARA LOS MEXICANOS

Por Sergio López

Suena el teléfono, pero él lo ignora. Lo buscan insistentemente, los equipos que lleva en la mano timbran en repetidas ocasiones. Su llegada rompe la paz que caracteriza a la oficina de Comunicación Social de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).  Gustavo Caballero, coordinador del área de Inteligencia Cibernética, es responsable de más de 30 sentencias donde las Tecnologías de la Información  (IT) han sido pruebas fundamentales para resolver casos delictivos.

El “Comandante” –como es conocido al interior de la dependencia- promete silencio durante la entrevista y desactiva los más de cinco celulares que lo acompañan. Se disculpa por las constantes interrupciones y justifica los llamados al señalar que el departamento a su cargo está en medio de una investigación.

Caballero –con casi 1.80 metros de altura, lentes negros y chamarra de piel- se convirtió durante las últimas semanas en el personaje más popular de la PGJDF. En menos de cinco días su nombre circuló en los principales medios del país debido a las investigaciones que realiza sobre los rumores de violencia, que a principios de septiembre fueron difundidos en las redes sociales y conmocionaron la zona oriente de la capital mexicana.

La popularidad del área de Investigaciones Cibernéticas de la PGJDF se debe al cada vez más constante uso de la IT por parte de delincuentes y bandas del crimen organizado.

“En los últimos seis años hemos desarticulado bandas dedicadas a realizar fraudes en líneas, así como grupos que utilizaban Internet para el tráfico de personas”, afirma.

Sin embargo, y pese a su reciente popularidad, Caballero sabe que aún queda trabajo por hacer. Así lo demuestra al explicar que la labor de su departamento es apenas el comienzo de un largo camino que deben seguir las autoridades mexicanas en materia de investigación cibernética.

LO QUE COMENZÓ COMO UN PROYECTO…

En 2003, Caballero inició de manera personal un proyecto de investigación digital. “En aquel momento cooperábamos con la ahora extinta Policía Federal Pública (PFP)”, recuerda mientras se cerciora de no haber recibido algún nuevo mensaje en su teléfono celular.

Caballero explica que la Unidad de Investigación Cibernética del Distrito Federal comenzó a operar al inició de la gestión del actual Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard Casaubón.

“Nosotros comenzamos operaciones en diciembre de 2006. Desde entonces hemos resuelto delitos relacionados con fraudes en línea, trata de personas, narcotráfico, extorsión y secuestro”, presume.

El inició para Caballero y su equipo no fue sencillo, la unidad comenzó a trabajar como área de apoyo para el Ministerio Público, conformada sólo por cinco agentes investigadores. Los buenos resultados han provocado que el equipo crezca, actualmente cuenta con 20 elementos.

“En aquél entonces –relata- nuestra labor era más sencilla de lo que es ahora. Al principio investigábamos el papel que ocupaba la telefonía celular, las páginas en Internet y el correo electrónico en alguna de las etapas de la conducta delictiva. Ahora realizamos investigaciones y operaciones muchos más complejas, algunas con coordinación a nivel internacional”.

De acuerdo con Caballero, la complejidad de las operaciones está relacionada con la evolución y penetración  que ha tenido la tecnología entre los delincuentes.

Para demostrar el aprovechamiento de la tecnología por parte de los criminales, Caballero indica que al principio su departamento participó en alrededor de 400 investigaciones, que al siguiente año crecieron a 800. Durante 2012 han participado en más 2,000 intervenciones, cifra que a fin de año podría llegar a 2,700.

“La cantidad de investigaciones en las que hemos participado demuestra que la tecnología se ha convertido en una herramienta de trabajo fundamental, tanto para delincuentes como para autoridades ministeriales que utilizan cada vez más la tecnología como una prueba judicial”, asegura.

RETOS MÁS GRANDES QUE EL PROPIO USO DE LAS TECNOLOGÍAS 

El “Comandante” explica que el uso de nuevas y mejores tecnologías por parte de los criminales no es el mayor reto que ha tenido que enfrentar el área que lidera, sino que ha sido adaptar las conductas ilícitas realizadas a través de soluciones tecnológicas con los delitos estipulados en el Código Penal.

“Nuestro reto más importante fue adecuar la conductas descritas en el código con las realizadas por medio del uso de la tecnología. Lo más complicado ha sido empatar el uso de las herramienta IT con la teoría del delito”, reconoce.

Cuando un delincuente utiliza  una herramienta de ingeniería social para cometer un ilícito equivale a usar un arma de fuego durante un asalto, compara el experto en seguridad.

El responsable del área  de Investigaciones Cibernéticas hace una pausa –vuelve a revisar su celular-, la expresión en su rostro demuestra que no le gusta lo que acabar de leer. Caballero responde a uno de los agentes a su cargo mediante un mensaje, el contenido enviado no es revelado por confidencialidad. 

Antes de continuar, el “Comandante” toma un respiro y justifica la distracción al señalar: “Siempre estamos trabajando, todo el tiempo investigamos qué sucede en Internet y cuáles son las amenazas que ponen en riesgo la integridad de los ciudadanos”.

Caballero prosigue, retoma el tema sobre los retos que enfrenta su departamento y asegura que pese a lo complejo que ha sido adaptar el marco jurídico con base en los delitos informáticos, el trabajo conjunto entre su área y el departamento ministerial ha sido fundamental para obtener resultados satisfactorios.

“Hablando de procesos penales y después de una investigación cibernético hemos logrado más de 30 sentencias por delitos graves relacionados con el uso de la tecnología”, afirma.

RELACIÓN TECNOLOGÍA-DELINCUENTE

Caballero señala que el rol y las prioridades de su departamento han evolucionado desde su creación: “Hemos dejado de investigar únicamente delitos informáticos para recabar también pruebas sobre la presencia de la tecnología en todo tipo de ilícitos y conductas criminales”.

El experto asegura que durante su gestión la Unidad de Investigación Cibernética ha cooperado en la desarticulación de bandas de secuestradores, así como en la detección de homicidas.

El “Comandante” recuerda el caso de un delincuente que antes de asesinar a su víctima la contactó y amenazó por medio de mensajes en redes sociales.

La narración del incidente incomoda al agente, que frente al recuerdo abre la ventana de la oficina, se arremanga la chamarra y comenta que el calor es insoportable. Momentos después Caballero toma aire y finaliza el relato, “en ese caso la víctima tuvo contacto con su victimario minutos antes de ser asesinada”, lamenta.

Además de los delitos en los que las herramientas tecnológicas son utilizadas para organizarlos y cometerlos, el área participa en la detección de ilícitos que por su naturaleza dependen del uso de la tecnología para ser perpetrados.

De esta manera, bandas que se dedicaban a la extorsión o al tráfico de pornografía infantil han sido atrapadas por este equipo de investigadores.

Entre los casos más sonados destaca el de una célula acusada de abuso sexual y corrupción de menores, que fue capturada y arraigada por la dependencia a principios de 2011. La presencia de la red de delincuentes fue detectada por la Unidad de Investigación Cibernética de la PGJDF.

“Los criminales fingían ser adolescentes de entre 12  y 16 años, utilizaban un alias en Facebook para engañar a sus víctimas y obtener su confianza. Una vez logrado su cometido, los citaban para luego abusar sexualmente de ellos o llevarlos a casa de alguno de los implicados para tomar fotografías en posiciones eróticas. Más tarde, dichas imágenes eran subidas a un sitio de Internet, que fue dado de baja”, revela.

Otro caso exitoso fue la desarticulación de una banda de extorsionadores en línea, que por medio de correos electrónicos exigía el pago de entre $3,000 y $5,000 pesos a cambio de no atentar contra la integridad de sus víctimas y familiares. La célula delictiva fue atrapada en Veracruz, como resultado de una serie de investigaciones.

Al relatar los casos en los que su departamento ha estado involucrado, Caballero se llena de orgullo, los encargados del área de Comunicación Social lo miran con admiración. En menos de seis años, se han convertido en una pieza fundamental no sólo para detectar células criminales en la capital mexicana, sino también para consignarse e integrar averiguaciones previas.

METODOLOGÍA DE TRABAJO

Después de relatar los casos de éxito, Caballero explica que “para investigar un delito, el departamento a mi cargo responde a una petición del Ministerio Público, una averiguación propia o la recepción de una denuncia ciudadana”.

Cada investigación es diferente. Antes de proceder o presentar un reporte técnico a las autoridades, el equipo de Caballero debe asegurarse de que los sospechosos tienen una dirección física y conexión a Internet, además de otros aspectos que no son revelados por el agente.

Al detallar la forma en la que opera su equipo de trabajo, Caballero se emociona, alza la voz, manotea, deja su asiento, sonríe y actúa. La misma pasión con la que narra los procedimientos que sigue el área a su cargo es la que contagia a los agentes antes de cada operación, aseguran sus colaboradores cercanos.

El responsable de la Unidad de Investigación Cibernética continúa con la explicación y señala que para realizar las averiguaciones usan una red interna independiente a la utilizada por los demás miembros de la PGJDF. 

Sobre el perfil de su equipo, Caballero indica que los miembros de la unidad además de tener una preparación relacionada con la investigación policial, cuentan con una licenciatura en informática o una ingeniería en telemática, computación o sistemas.

Además, tenemos una serie de agentes con “talento informático muy especial”. El “Comandante” no revela pista alguna sobre en qué consiste dicho talento, argumenta que es el factor sorpresa del equipo a su cargo y ríe.

COLABORACIÓN CON OTRAS DEPENDENCIAS 

Por quinta ocasión, el “Comandante” revisa su teléfono, después consulta su reloj y asegura que ha llegado el momento de irse. “No tengo tiempo para más, el deber me llama”, bromea.

Antes de retirarse, explica que el trabajo de su departamento no se hace de manera aislada, sino que depende de la colaboración de otras dependencias tanto a nivel nacional como internacional.

El jefe de la unidad de investigación en línea recuerda que una de las primeras operaciones a cargo de su departamento se realizó en conjunto con la policía española. “En aquella ocasión capturamos una banda de pedófilos que operaba a nivel internacional desde México y España”, recuerda.

Caballero finaliza al indicar que a nivel nacional participan cada año en el Congreso de Ciberpolicías y Unidades Especiales de Delitos Tecnológicos, al que asisten las agrupaciones de estados como Jalisco, Yucatán y Coahuila.

“El congreso ha ido creciendo, actualmente contamos con la participación de más de 15 unidades a nivel nacional tanto del ámbito de la seguridad pública como de la procuración de justicia”, concluye. 

Los equipos telefónicos vuelven a vibran como si exigieran su atención. “Nada de fotos por favor”,  dice mientras se pone de pie para despedirse. Y agrega que es por un simple “tema de seguridad personal”. Extorsión Web, pornografía infantil, phishing, hackeo o algo peor, uno no puede sino preguntarse cuál es el siguiente caso en la lista de investigaciones de Caballero y su equipo.

La respuesta llega a los pocos días, cuando decenas de medios de comunicación publican que la Unidad de Investigación Cibernética monitorea más de 10 cuentas sospechosas de difundir en las redes sociales rumores sobre violencia en el oriente de la Ciudad de México.

CRÍMENES TECNOLÓGICOS

De acuerdo con la Unidad de Investigación Cibernética, los principales tipos de delitos cometidos con el uso de la tecnología son:

.   35% actividades ilícitas en redes sociales

.   35% temas relacionados al uso de telefonía celular para cometer delitos

.   30% sitios Web o plataformas de Internet creadas para delinquir 

DÓNDE DENUNCIAR

Denuncias y auxilio de la Unidad de Investigación Cibernética de la PGJDF a través de la cuenta de correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla  

b: Secure 

núm. 72  pág. 10-12

09-nov-12  





Ultima modificacion el Jueves 22 de Noviembre de 2012 19:20

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